Mis bizarras aventuras urbanas


 

La loca de las bolsas

La loca de las bolsas

Hace unos días me fui a “Avellaneda”. Para los que no entienden o no saben de que corno estoy hablando, les cuento que no es el partido de Avellaneda sino una Avenida. Cuyas veredas, están repletas de huecos gigantes en las paredes de más o menos cinco metros de ancho, por cuatro de alto y veinte de profundidad, llámese negocios, comercios, etc. Eso sí, la constante es la ropa. Barata. Muy. Porque es venta directa de fábrica.

Allí me dirigí en busca de aumentar la felicidad de mi guardarropas sin minimizar demasiado mi capital. Cosa que no logré demasiado, porque me pasó lo siguiente.

En principio tengo que decir que hacer esa recorrida es como caminar dentro de un “shopping”, (con todo lo que eso implica: ruidos, excesivo murmullo, musiquitas varias, etc) y luego de tomarse cinco litros de vodka. Porque uno se marea, se confunde. Además, son todos los negocios iguales en proporción, tienen casi el mismo nombre y las caras de orto desganado de los vendedores….también son las mismas.

Luego de recorrer unas cuantas cuadras (ya confundida y mareada), habiendo entrado a cada negocio y mirado sin parar tooooooooda la mercadería…Decidí lo que quería comprar. Fue entonces que se me ocurrió volver a uno de los que ya tenía fichado porque tenía buen precio (todavía me ubicaba en tiempo y espacio).

Allí me atendió una señora de origen chino con cara de recién despertada con un megáfono directo a sus oídos. También tenía los pelos parados y estaba muy mal vestida con “algo” que parecía una bata.

Ante mi entrada y pese a mi cordial saludo, ni se inmutó. No había sonido alguno en el ambiente, me sentí dentro de un velatorio.

Mientras buscaba entre las perchas repletas y apretujadas dada la cantidad exagerada de mercadería expuesta, una chica apareció cual fantasma, caminando despacito desde el fondo, y con mucha timidez me dijo: “hola”.  Le devolví el saludo y le mostré lo que quería comprar.  En ese momento, la señora de origen chino pegó un grito en su propio idioma dirigiéndose a la pobre chica que apenas podía sostener su dulce y tierna mirada casi húmeda.  Yo me asusté tanto que mi cuerpo reaccionó inesperadamente arrojando las perchas hacia un costado.  La chica no dijo nada, la señora se calló y se ubicó nuevamente detrás del mostrador.  Yo recogí las perchas, se las dí a la chica, saqué la plata del monedero y le extendí el brazo tembloroso con el billete entre mis dedos a la señora.  Me dió el vuelto en cuestión de segundos y cuando le dije “gracias” me clavó una mirada chispeante de tal manera que juro que sentí que le tenía que pedir disculpas por haberle comprado.

Me fui urgida de ese hueco macabro y me metí en otro. En este me atendió un joven también de origen chino pero que curiosamente tenía pintada una leve sonrisa constante. Me atendió muy amablemente y hasta con gusto. Lo que no sé, es de que carajo se reía.

A esta altura ya estaba bastante confundida, cada vez que salía de un negocio no me acordaba si venía caminando desde la derecha o la izquierda. Lo cual muchas veces me llevaba a meterme en algún comercio por segunda vez. En unos, reconcí la cara del empleado y me retiré enseguida antes de decir nada, en otros ya era demasiado tarde y disimulaba diciendo que me había olvidado de preguntar algo.

En la mayoría atienden mujeres. Ellas están paradas y apoyadas contra el mostrador y siempre con actitud de casi-casi muertas. De sus ojos salen disparados rayos X de color rojo fuego, y te los dirigen de pies a cabeza cada vez que pisás su terreno. Repiten de memoria y reproducen cual telegrama las normas de consumo como si les descontaran cinco pesos por cada palabra en demasía: “Se-vende-sólo-por-mayor-cinco-por-modelo-cambiamos-unicamente-por-falla-no-insista”. Miran hacia afuera, a sus uñas, al piso o los estantes, a todos lados menos a tu cara.

Con la actitud de esas mujeres, me sentí inhibida totalmente. Y me dí cuenta de que eso ejerce una presión en forma directa en mi intento de negociar. Todas en contra tengo, porque desde el vamos, soy pésima para eso. Compro por la vergüenza que me dá decir “no”, (léase “no me interesa”, “no me gusta”, “no me convence el precio” , etc.).  Porque además, mientras te quedás pensando dónde era que lo viste más barato o si te conviene comprar a ese precio; te clavan una mirada de impaciencia y hasta de sorpresa porque tardás tanto en decidir esa pelotudez (y aca sí te miran a los ojos).

Finalmente, ya absolutamente borracha y confundida, habiendo perdido la noción del tiempo y el espacio y sin saber distinguir si tenía frío o calor, recordé que aún me faltaba comprar ciertas cosas por las cuales me había dispuesto a llegar hasta allí.  Pero claro que para ese entonces, ya comenzaban a bajar las persianas y yo me la pasé corriendo de un negocio a otro para alcanzar la remera de allá y la pollera de acuyá.

Me sentí el Oso Yogui (era ese??) que cuando no conseguía pescar se ponía como loco agitando todo su cuerpo en contrariados y torpes movimientos.  Por lo tanto, no supe bien que compré, pero salí corriendo de esas calles con muchas bolsas colgando de mis brazos.

Con todo ese acelere que tenía encima, me fuí a un casting que fue más corto que patada de chancho y lo único que recuerdo es el “muchas gracias” del final.

Pero mi día no terminaba allí. Había quedado en encontrarme con un ex-compañero del secundario que hacía diez años que no veía.

LLegué de casualidad, perdidísima por el mismo abrumamiento que me quedó desde Avellaneda. A duras penas me ubiqué en el lugar al que tenía que llegar y cuya única referencia fue: “un bar con mesitas de madera, afuera”…Ahjá…ok…yo no veía nada de eso.  Apenas distinguí un par de boliches enfrentados por la avenida, eso era todo lo que tenía más próximo a mi vista. 

Mientras lo llamaba al celular para que me indique las coordenadas, comencé a caminar…(esa puta costumbre que tiene uno de caminar o moverse sólo porque se está hablando por teléfono). Cuestión que sin darme cuenta y mientras recibía sus instrucciones, me fui acercando a la entrada de uno de los boliches. 

Un tipo gigante que estaba ahí parado, más conocido como “patova”, me vió “entrando” (como pancha por mi casa) y se me vino enseguida al humo: “¿A dónde vas nena?”…Levanté la mirada y…claro, yo insitía en seguir entrando por un costado o por el otro, mientras que el tipo se me ponía delante y no me dejaba. Así forcejeamos un rato hasta que le grité “Yo sólo quiero salir de acá!!”.  En ese instante, un silencio repentino se apropió de la situación. Creo que casi sentí que se cortó la música desde adentro. Percibí claramente que toda esa tropa de gente “VIP” que esperaba educadamente detrás de las vallas de seguridad, me dirigieron una mirada punzante y con gesto de oler muy feo.  Por suerte mi amigo entendió entonces que yo sigo siendo la misma tarada con cero sentido de la ubicación y salió del bar a rescatarme. Uff…una luz blanca angelical lo iluminó. Demás está decir que el bar estaba del lado de enfrente…

Seguidamente, luego del típico abrazo de reconocimiento y el infaltable “Tasssss iguaaaaaaaaall!!!”, nos dispusimos a charlar como dos cholas de barrio.  Sin notarlo, pasaron cuatro horas de largo en el tiempo y tres jarras de Gin Tonic con limón por mi garganta. Por lo cual eso me llevó a cometer el segundo acontecimiento vergonzoso de la noche, ya que terminamos hablando de todo lo que se les ocurra menos de política y religión. Eso sí, por suerte lo ví reírse muchísimo….(por suerte?)….Bueh…Igual yo también me reí…(…¿?…)

El momento más estrepitoso fue cuando me levanté para irme, el techo se me hizo piso y ya después no recuerdo más nada.

Por suerte sigue siendo un caballero este muchacho. No sé de que manera, pero esta mañana desperté en mi casa, sana y salva. Eso sí, abrí las bolsas y me encontré con prendas de lo más insólitas y que desde ya ni recordaba haber comprado. Lo peor fue revisar mi billetera: sopa para el resto del mes…

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22 comentarios en “Mis bizarras aventuras urbanas

  1. Uhh! yo hice el tour de compras la otra vez en once, por Mitre y no sé cual más… tampoco recordaba donde había visto cada cosa, y compré algunas que nunca me puse, como si fueran de otra persona!
    Así que no sabés como llegaste a casa y que hacía tu prendedor en la vereda?? Creo que esos dos hechos están relacionados!!! Investigación ya!
    Mx: a mi me enferma también “La Sra.”, pero más me enferma que me digan a mí “Señora”, soy “Señorita” carajo!
    Besotessss!

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  2. Muchas Gracias por su mención, SEÑORITA S-Inter. Por suerte, hay gente que valora el diálogo. No como “OTRASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS” a quienes, parece, solo calificamos como “lectores Ooohhhh, Cof, Cof…..”

    Le devuevo los besotessss!! (solo a Ud, Srta. S-Inter)

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  3. Post “Movíl en vivo…” 5 comments y organizando aguante
    Post vieeeejoooo ” Para las que están..” 2 comments,

    Que me soliciten, me mimen…no tiene precio…

    Para todo lo demás….existe la HONDA (si,si, con H y con Bulones)

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  4. JOJOJOJOOO!!!!!

    AAAHHHH!!!! Avelleneda!!! El paraiso de la compra barata al por mayor para saciar las nesecidas de extremo consumo cuando la billetera no esta para bollos pero las ansias demandan!!!

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  5. Hola verissss!!!!!, vía las fotos. Ahora ya sé quién es. En alguuuuuna postura, depende como le dé la luz, el aire, el frío, el viento, la radiación, los rayos ultravioletas, la cámara en f=22 + V=2000, con un lente 80-200 y tal vez…y sólo tal vez, con una máscara de látex y un par de cirujías….sisi…puede ser que me parezca….;) jajajaja

    (bueno, sí, un poco se parece, es cierto)

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  6. uuuuuhhhh!!! se pudrió toooodooo-se pudriióoooo!!!!!
    ooohhOOHhhh!!–cofF-COF-f-Cofff!!!! Así que
    Ah-óraa el señorito se ofendióo……ahjáaaaaaaaaaaaaaaaa!!!! pero claarooo….él se va a “dialogaaarrr” por alláaaaa porque lo solicitaannn….claaaaaroo….y acá?? eh?? acá que???—coooff-coFFFF!!!

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  7. Primero leí este post (blogger anda medio mal, y no siempre me tira las actualizaciones)… después de leerlo anoche… y veo que el post anterior dice “cinco acontecimientos misteriosos en un día”… la verdad que no podía imaginar qué más podría pasarte!!!!
    jajajaajja

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  8. Como no Jime, entonces, vamos sumando…una tarde en Avellaneda y un viaje de punta a punta en el 84…que más hacemos?
    Ah, y fui a buscar “vestiditos” pero no encontré ni-uno, podés creer?? claro, ahora resulta que están de moda los shorts y bueh…ahí tenés de todos los colores…hasta con estampado símil cebra hay!!! cualquiera.

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  9. Lo unico que me diferencia de vos… es que yo hubiera terminado en la cama de un telo con mi compañero, agarrandome la cabeza por la guita, sonriendo por la ropa rara y descostillada por la compañia.
    Pero eso solo me pasa a mi. Despreocupate.

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  10. oohh!! nonono, si Gaby cuenta, cierro todo y me voy del país!!! (ah..que?…no es una amenaza eso?…mmm..bueno…no sé…okok…cuánto?…decime cuánto querés por no contar…..no sé…1000?…2000?!!??….eh…pará…¿tánto vale esa info?…mm…ahjá….Bancame que hago un llamadito…..¿Hola?…Sí, hablo con Wanda Nara?…a que tal, mirá necesito un poco de asesoramiento…..ajhá…..listo, nos vemos ahí, mañana a las 17 hs, en la confitería Las Violetas. Chau.)

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