De profesión, Actriz.


       

Desde que tengo uso de razón, le he repetido incansablemente a mi madre: “quiero ir ahí” señalando ese cuadrado mágico que los adultos llamaban “televisor”. Y a lo que ella me respondía descreídamente “eso está en Buenos Aires, hija. Y es muy lejos”.
Corrían los años ´80 y en ese entonces vivíamos a 200 kms de la gran capital.

A través de los años, jamás olvidé ni dejé de mencionar en voz alta mi deseo de subir a un escenario, como si supiera de que se tratara, como si en otra vida hubiese sido una estrella que murió en la plenitud de su carrera artística y reencarnaba en mí para completar algún deseo.

Fue con ese objetivo escrito en la frente que crecí, a pesar de rodearme kilómetros de pasto y vacas, y que el cuadrado mágico se encendiera sólo dos horas por la tarde para ver los dibujitos animados.

Nunca vi a Carlitos Balá, ni a las Trillizas de Oro, ni al Capitán Piluso. Mis días se completaban con las clases de danza jazz que dictaba mi madre en el salón delantero de casa, jugando a esconderme entre las piernas de sus alumnas y buscarme en el inmenso espejo o colgarme de la barra.

Amaba disfrazarme con los vestidos y una peluca que usaba mi tía abuela. Todo me quedaba gigante.

Indispensable fue mi hermano menor, el del medio, que siempre se prestaba para todas mis ocurrencias. Hacía las veces de mi partener, de acomodador, de público y de presentador.


Pasaron los años y para mi alivio, llegamos a la inalcanzable Capital Federal.

Instalados ya en la ciudad, mis ansias fueron calmadas con clases de todos los tipos de danza que podía hacer según el cupo del instituto. No me importaba haciendo qué cosa, pero yo quería sentir el escenario, escuchar los aplausos de aquel público que tantos años fueron parte de mi imaginación, vibrar entre las luces sudando de emoción y nerviosismo detrás de los telones.

Todavía me estremezco al recordar tan vivamente aquella primera vez que sucedió todo.
Y fue mejor de lo que podía alucinar mi pequeña mente.
Aunque ya había pasado por un escenario en otra ocasión para bailar en un acto del colegio, esta vez no era lo mismo. Tenía público de verdad, tablones de teatro, telón de terciopelo rojo y olor a madera mezclado con sudor…

Temblé de frío y calor al mismo tiempo. Sentí un cosquilleo profundo en el pecho, aumentaron de golpe mis palpitaciones…allí estaba,…parada detrás del gigantesco terciopelo, cruzando mis deditos de los pies porque aún me sobraba lugar en los zapatos. No terminaba de subirme un intenso vértigo por la garganta cuando alguien dijo: “Con ustedeeess, las niñas de zapateo americanooo!” Y entré por fin con el “Obladí – Obladá”.
Ubicada en mi posición y siguiendo los hombros de mi compañera para mantener alto el mentón y no perderme, así como lo tenía tantas veces ensayado, mi mente se puso en blanco y me ensordecí por unos instantes. Las luces me daban de frente y apenas podía vislumbrar las butacas de la primera fila. Lentamente mis oídos volvieron a la melodía y dulcemente me dejé llevar….y bailé todo lo que sabía, todo lo que la emoción me dejó recordar… Hasta que me despertaron los aplausos del final y descubrí esa energía renovadora que se desprendía de cada par de manos que esa noche me despedía.

Entonces entendí, que era eso lo que yo quería vivir cada día de mi vida de ahí en adelante. Y así continué estudiando actuación, patín, gimnasia artística y todo lo que se me iba ocurriendo.

Hasta que un día, mi mundo fantástico se desmoronó. Un irreversible suceso familiar desembocó en forma directa sobre los gastos “innecesarios” y fue así que muy a mi pesar, mi idilio con las tablas se esfumó. Siendo tan pequeña, no había manera de seguir por mi cuenta.
Sin embargo, un tiempo después, mi madre entendió y escuchó una vez más mi pedido insaciable, cuando un día me aparecí con las direcciones y teléfonos de algunas agencias de publicidad donde quería inscribirme (cosa que nunca supo cómo hice ni de donde las saqué, y yo menos, claro)
Finalmente, tras largas charlas sobre el esfuerzo que significaba para los cuatro, pasar días enteros entre castings, fotógrafos y filmaciones pero sobre todo porque eso implicaba -faltar- al colegio; mi madre accedió a seguirme en este sueño.

Claro que, “ya que estamos,…INSCRIBO A TUS HERMANOS”.

Música para acompañar este momento

Y esta misma frase fue la que dio comienzo a lo que llamo “mi karma”.
(A partir de este momento, la musiquita de violines se estropea y todo pasa en cámara rápida con manchones en la imagen)
Comenzaron a llover propuestas para entrevistar a mis hermanos. Recuerdo un solo casting al que fui convocada y apenas hubo tiempo para presentarme ante la cámara. Era última en la fila. ¿No les dio mi perfil?, ¿No les gusté?, nunca lo sabré….¡¿pero si sólo tenía que mostrar mis manos!?
Mientras tanto, mis hermanos fueron extras de comerciales y hasta uno hizo tapa de una revista de deportes. Sonaba y sonaba el maldito teléfono, y yo seguía sin faltar al colegio porque era la encargada de hablar con las maestras, explicando el porqué de sus ausencias.
¿Mi motor? La frase de una película que había visto alguna vez: “retroceder nunca, rendirse jamás” e insistía con mi sueño a pesar de la contra corriente.
Logré así lo que nunca imaginé, la peor de las pesadillas de cualquier extra:


· Aparecí dos segundos en un comercial de un parque de diversiones. Volando arriba de una orca que daba vueltas como una calesita. Pero tan rápido como la montaña rusa.
· En una película muy conocida, de espaldas, (en una toma panorámica) caminando a lo lejos, de la mano de un denso que no paraba de hablarme de sus grandes encuentros con los famosos y la colección de “autógrafos en servilletas” que, según él, eran los más difíciles de tener, porque la birome se hunde en el papel (¿?)
· De panelista en un Talk Show, y pensando que era mi oportunidad de pasar al menos más de cinco minutos frente a una cámara (aunque más no sea de premio consuelo), llegué bien temprano para elegir la mejor ubicación. Calculé el ángulo de la cámara y la posición del conductor, las sillas estaban detrás de él. Me equivoqué de cámara. Era la otra. Se vio un pedazo de mi codo derecho todo el programa.
· Finalmente, a contra luz. En un comercial de papas fritas que nunca salió al aire porque era un plagio.

Este es mi karma. Se los presento, con mucho gusto. ¿Alguien se lo quiere llevar?

 

 

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11 comentarios en “De profesión, Actriz.

  1. uffff…
    sin palbras Amiguetta, nose q decirte… me entristeci? un poco…el relato amerito
    peor por otro lado creo que las cosas q vienen faciles, facilmente se van… segui luchando y peleando por lo q queres….”no esta muerto quien pelea”

    ademas:
    “Rendirse nunca, Retroceder JAMAS!”

    Besotes…:)

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  2. Una vez, cuando era muuuuy chica, mi mamá me contó lo que decía mi bisabuela. Nunca me lo olvidé…
    Decía que si cada uno de nosotros fuésemos a la plaza de la ciudad, dejáramos nuestra cruz (karma en este caso), dieramos una vuelta completa a la plaza y volvieramos al lugar donde se encontraba nuestra cruz, aún con la posibilidad de llevarnos otra, nos llevaríamos la nuestra. Porque la conocemos. Porque la vivimos. Porque sabes qué es y cómo nos costó llevarla. Y de las otras no sabríamos nada, lo cual nos empeoraría las cosas…

    Igual… me prestás tu karma un ratito a ver que se siente?

    Besos!

    La lectora ya no tan calladita!

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  3. Uff sueño con los aplausos desde que tengo memoria, sueño con ese temblor previo a la obra, lloro de emocion cada vez que voy al teatro y se abre el telón, pero al menos vos te animas por tu sueño, yo soy cagona y estudio teatro como hobbie y no como profesión.

    Ahh, mata a tus hermanos, no vale que te roben el puesto

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  4. unavezesnunca: Muy interesante lo que decía tu bisabuela.
    Tetë: gracias pero no te pongas triste, no era para eso. Ponele musiquita de Benny Hill y leelo otra vez, vas a ver.
    Gente, rendirse nunca, retroceder jamás.

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  5. Ay Gre@t!
    Si es algo que realmente te gusta, por mas que haya miles de piedras en el camino, lo vas a lograr! Es como dicen persevera y Triunfaras!! Y por lo poco que te conozco, se nota que tenes una faceta artistica muuuuuuuy grande!
    Asi que no te pongas en la cabeza esas cosas sobre karma y demas… trata de mirarlo en positivo, que si tiras buenas ondas las cosas salen bien!

    Besote enorme!

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  6. Gre@t! Me hiciste lo mismo que LG. Estaba entre risas y lágrimas. Dale nena, vos metele. Tenés pasta. Ya te voy a ver triunfar y voy a decir: “Esa, esa que ven ahí?… No, no, la otra… Nooooo la extra no, la actriz principal… Nooooo, la que dice incoherencias coherentes… Esa, sí, esa, es mi amiga Gre@t Lady” 🙂

    Tu frase es del filósofo Jean Claude VanDame (Retroceder nunca, rendirse jamás)

    Besotes.

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